La última jornada del Round Robin de la LIDOM no necesita adornos: se explica sola.
Dos equipos, Águilas Cibaeñas y Toros del Este, llegan igualados (10-7) y con una sola plaza disponible para acompañar a los Leones del Escogido en la serie final. El margen es inexistente y el error, imperdonable.
“No podemos darle vista para atrás, hay que vivir con eso y prepararse para el día de mañana. Independientemente del reclamo, eso no lo controlamos nosotros”, sostuvo Víctor Estévez, dirigente de los Toros.
Las Águilas entran al día decisivo con el pulso elevado tras haber vencido 6-2 a los Toros la noche anterior en La Romana, un resultado que no solo apretó la tabla, sino que también les devolvió el control emocional de la serie particular.
El #RoundRobinLIDOM hoy llega a su final ⚾️
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— LIDOM (@LIDOMRD) January 17, 2026
El séptimo episodio de ese juego —cinco carreras fabricadas más por paciencia y ejecución que por estruendo— fue un recordatorio de que en estas instancias los partidos se quiebran por detalles mínimos.
“Sabía que iba a haber mucho ruido, pero ya hablamos con los muchachos y les dijimos que ellos no controlan nada de eso. Mañana tenemos un juego en el que enfocarnos y tratar de ganarle a los Gigantes”, afirmó.
Pero esa envión anímica tiene fecha de caducidad. Este sábado, las Águilas se enfrentan a un Escogido ya clasificado, líder del Todos contra Todos (12-5) y con la tranquilidad de quien juega sin urgencias, aunque no sin orgullo
Para un equipo con 22 coronas y un historial que pesa tanto como el uniforme, depender de terceros nunca es un escenario cómodo.
Del otro lado, los Toros aparentan tener un camino menos accidentado frente a unos Gigantes del Cibao eliminados.
Sin embargo, la historia reciente del béisbol invernal ha demostrado que los partidos “ganables” suelen ser los más traicioneros
La presión, en ese caso, no viene del rival, sino de la obligación de cumplir.
Más allá de los cruces, la jornada se juega en el terreno psicológico. Cada turno al bate tendrá el peso de una temporada entera y cada decisión desde el dugout será examinada con lupa. No se trata solo de ganar hoy, sino de sostener la compostura cuando la tabla no admite matices.
Al final de la noche, uno de estos equipos acompañará al Escogido en la final. El otro quedará atrapado en la pregunta que siempre duele más en el béisbol: qué habría pasado si ese inning, ese pitcheo o ese out hubiese sido distinto.
