30 de julio de 2026
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La farsa del «circuito averiado»: El racionamiento oculto que ahoga a Santo Domingo Este en la oscuridad

SANTO DOMINGO ESTE. – En Santo Domingo Este, la oscuridad ya no es un accidente geográfico ni el resultado fortuito de un cable derribado; es una política de Estado camuflada bajo el lenguaje de la burocracia. Recorrer sectores como Los Mina, Invivienda, Los Frailes o El Almirante a altas horas de la noche revela un paisaje desolador: calles sumidas en una penumbra total, el rugido ensordecedor de plantas eléctricas privadas y ciudadanos sentados en las aceras intentando escapar de un calor caribeño sofocante. Sin embargo, si uno revisa el panel oficial de la Empresa Distribuidora de Electricidad del Este (EDEEste), el diagnóstico corporativo siempre se repite de forma sospechosa: «Circuito bajo avería imprevista» o «Mantenimiento correctivo».

Esta investigación especial expone cómo el término «avería» se ha transformado en el eufemismo favorito del sector eléctrico gubernamental para ocultar un racionamiento sistemático y un agudo déficit de distribución.

La ingeniería de la excusa: ¿Por qué todo es una «avería»?

Admitir un déficit energético o un apagón financiero conlleva un costo político masivo que las autoridades actuales intentan esquivar a toda costa. Es allí donde entra en juego la estrategia del disfraz técnico. Al catalogar los cortes de luz como problemas fortuitos de las redes, EDEEste traslada la culpa desde la gerencia hacia imprevistos climáticos, transformadores sobrecargados o colas de chichiguas.

No obstante, los datos recolectados en el terreno contradicen el discurso oficial:

  • El patrón del reloj: Resulta estadísticamente inverosímil que las «averías» ocurran con una precisión cronométrica casi idéntica todos los días en zonas comerciales de la Circunscripción 2, o que sectores completos queden desconectados durante tandas exactas de 10 horas consecutivas sin reportes de grandes explosiones en subestaciones.
  • El colapso de la atención automatizada: A través del WhatsApp institucional de EDEEste o de su Call Center, las plantillas de respuesta automatizada han sido programadas para categorizar preventivamente cualquier interrupción como «falla técnica en proceso de reparación». Esto invalida el derecho de los usuarios a reclamar compensaciones por interrupción del suministro planificado.
  • Mantenimientos infinitos: La distribuidora publica de forma recurrente cronogramas de mantenimiento preventivo que se extienden indefinidamente. La contradicción salta a la vista: si se invierten tantas horas semanales en «adecuar y robustecer» las redes, la lógica dicta que las averías reales deberían disminuir, no multiplicarse exponencialmente semana tras semana.

El drama humano: Quiebra económica e inflación eléctrica

Lejos de los fríos escritorios de la administración del Consejo Unificado de Empresas Distribuidoras (CUED), la falsedad de estos argumentos se paga con pérdidas económicas reales. En la calle Diego Alvarado de El Almirante o en los callejones de Los Mameyes, los pequeños comerciantes viven su propio calvario. Los propietarios de colmados detallan cómo los lácteos, embutidos y carnes se dañan de forma continua debido a la pérdida de la cadena de frío, mientras que los compresores de congeladores y neveras terminan quemados por las bruscas fluctuaciones de voltaje que acompañan el supuesto «restablecimiento» de las averías.

La mayor agresión a la dignidad del ciudadano reside en la llamada «inflación eléctrica». Es una paradoja macabra: mientras el servicio de energía decrece en calidad y disponibilidad, el costo de las facturas mensuales sigue aumentando. El ciudadano de Santo Domingo Este se encuentra atrapado en un laberinto perverso donde debe financiar su propia oscuridad, pagar montos desproporcionados por un servicio inexistente y, además, costear combustible para generadores alternos si quiere mantener su negocio a flote o conciliar el sueño.

Conclusión editorial: Es hora de apagar la simulación

El argumento de las averías recurrentes ya no convence a nadie. Es técnicamente insostenible afirmar que el municipio más poblado del país sufre un colapso fortuito diario de su infraestructura en los mismos circuitos y horarios. Lo que ocurre en Santo Domingo Este es un racionamiento eléctrico forzoso ejecutado mediante la manipulación semántica.

Gobernar implica asumir responsabilidades. Si el sistema de distribución eléctrica es incapaz de soportar la demanda actual o si las finanzas del sector exigen cortes programados, las autoridades de EDEEste tienen la obligación de hablar con transparencia, publicar calendarios de racionamiento reales y detener de inmediato la facturación abusiva. Continuar ocultando la crisis detrás del velo de las «falsas averías» no solo es una incompetencia técnica, sino también un abuso institucional intolerable contra una población que ya se encuentra al borde de la desesperación social.

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