La gestión de los desechos sólidos en Santo Domingo Este, bajo la administración del alcalde Dío Astacio, ha tomado un giro crítico que mantiene a los munícipes entre el desorden vial y la insalubridad. Lo que se promocionó como una solución moderna para erradicar los vertederos improvisados se ha transformado, en la práctica, en un detonante de caos urbano: los nuevos contenedores de basura están asfixiando las vías del municipio.



Un carril menos: Trampas viales a plena vista
Un porcentaje alarmante de estos depósitos de metal y plástico ha sido ubicado de manera improvisada y sin estudios de factibilidad vial. En arterias de altísimo flujo vehicular, como la Avenida Charles de Gaulle, y en las congestionadas calles internas de sectores como Invivienda y Los Frailes, los contenedores ocupan ilegalmente un carril de circulación, reduciendo la capacidad de las vías y multiplicando los taponamientos en las horas pico.
Conductores y peatones denuncian que estos artefactos se han convertido en verdaderos obstáculos ciegos que provocan frenazos bruscos, accidentes y obligan a los vehículos a invadir el carril contrario para poder avanzar. La falta de señalización reflectante agrava la situación durante la noche, convirtiendo las calles en trampas mortales.
Voces desde el volante: «Esquivar basura o chocar con otro carro»
Los choferes del transporte público y conductores particulares son los primeros en sufrir el impacto de los depósitos mal ubicados. El espacio que antes servía para el flujo vehicular o el abordaje seguro de pasajeros ahora está secuestrado por los desechos.
«Eso es una adivinanza todas las mañanas. En toda la Charles han puesto contenedores que te obligan a salirte de tu carril de golpe. Si vienes rápido y no te abres a tiempo, te estrellas contra el aparato o te lleva el que viene al lado. El alcalde pensó en la basura, pero se olvidó de que por aquí transitan miles de carros al día», denuncia Franklin Rosario, chofer de la ruta de carros públicos de la zona.
«Muchos de esos contenedores no tienen ni una sola cinta reflectante. De noche, entrando a Los Frailes con la luz pública fallando, se vuelven invisibles. Ya he visto dos choques de motoristas que se los llevan de frente porque el contenedor ocupa medio carril derecho», comenta Julio César Mateo, residente y conductor privado.
El colapso de la recogida: De contenedor a vertedero
El problema no termina con su pésima ubicación. La logística de recolección comunal evidencia un desfase crítico: los contenedores no son vaciados a tiempo. Al pasar días sin recibir el mantenimiento adecuado, la capacidad de los depósitos se satura rápidamente, provocando un inevitable desbordamiento.
La basura termina acumulándose alrededor de las estructuras, esparcida por el suelo debido a la acción de animales realengos y buzos. El resultado en el entorno de Invivienda y las calles marginales de Los Frailes es exactamente el opuesto al prometido: en lugar de limpiar el entorno, los contenedores han institucionalizado mini-vertederos permanentes en medio de las aceras y calzadas.
Vecinos atrapados en la insalubridad: «Nos mudaron el vertedero a la puerta»
Para los comunitarios que viven o tienen comercios a pocos metros de estos puntos de acopio, la promesa de una «ciudad limpia» se ha convertido en una pesadilla de malos olores y plagas debido a la ineficiencia en las rutas de recogida.
«Antes la basura pasaba y se la llevaba el camión. Ahora nos plantaron ese cajón de hierro frente al colmado aquí en Invivienda. Pasan hasta tres y cuatro días sin vaciarlo; la gente, al verlo lleno, tira las bolsas en el suelo. Esto se llena de moscas, gusanos y ratones. Ya los clientes no quieren ni pararse a comprar por la peste», se queja con indignación Milagros Almonte, comerciante local.
«Tenemos que vivir con las ventanas cerradas. Cuando llueve en Los Frailes, el agua sucia de esa basura corre por toda la acera y se estanca en las esquinas. El alcalde Dío Astacio nos prometió orden, pero lo que hizo fue institucionalizar un vertedero en cada esquina sin importarle la salud de los niños que caminan para la escuela», afirma Dania Ortiz, madre de familia y comunitaria.
Un llamado urgente a la planificación
El cúmulo prolongado de desperdicios genera un impacto ambiental y sanitario inmediato. Los lixiviados (líquidos contaminantes) corren por el asfalto deteriorando las vías y tapando los imbornales ante cualquier llovizna, empeorando las inundaciones urbanas crónicas de la demarcación.
Los munícipes de Santo Domingo Este exigen con urgencia que la alcaldía de Dío Astacio revalúe de inmediato la distribución geográfica de estos contenedores, los retire de las principales avenidas de tránsito rápido y de los accesos estrechos de los barrios, y establezca rutas de recogida con frecuencias lógicas. El municipio no puede seguir pagando el precio de un plan que, por falta de logística, cambió la recogida domiciliaria por el caos vial y sanitario en plena vía pública.

